El sábado fui a ver a Devendra Banhart con mucho escepticismo, es más, llegué apenas veinte minutos antes de la hora marcada en el boleto. Para mi suerte no haría labor periodística solo; Jorge, un amigo de Querétaro, vino también y eso hacía suponer que mi velada sería menos insoportable.
Jorge y yo entramos cuando Adanowsky ya abría el show y enorme fue nuestra sorpresa de encontrar el foro casi vacío. Supuse que todas las muchachas güeras habían ido el día anterior a aventar calzón y sostén aDevendra, pero poco a poco se fue llenando aquel antro.
No es que me arrepienta de haber gastado en el boleto, pero las mujeres que me rodeaban eran insoportables. A mi espalda, una chica de dentadura prominente intentaba cantar sin éxito –incluso los temas en español eran indescifrables–; a mi lado derecho otra adolescente no dejó de gritar, idolatrar y homenajear cada movimiento de Banhart y justo enfrente de mí, una pareja no dejó de pasarse baba por sus bocas.
Siendo honestos, sí me arrepiento de haber comprado el boleto.
Devendra Banhart hizo trisas mi autoestima, no niego que el tipo cante más o menos bien, pero también no me limito a decir que es uno entre tantos. Incluso el hijo del sénior Jodorowsky es mejor; pero es feo, a lo mejor por eso no llena.
+12.26.26.png)